Discernir la Voz de Dios en Medio del Caos Interno
- mentesdegobierno
- hace 1 día
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Miru Lara
Cuando pensamos en la palabra “caos”, probablemente venga a nuestra mente una imagen, una experiencia o incluso una etapa de nuestra vida. El caos suele asociarse con desorden, confusión, incertidumbre o falta de dirección.
Pensando en este tema, me preguntaba: ¿Cómo ve Dios nuestro caos?
En Génesis capítulo 1 versículo 1 y 2 dice:
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.”
Es interesante notar que la historia de la creación comienza con una escena de desorden. Sin embargo, Dios no se aleja de ese escenario. El Espíritu de Dios estaba presente, moviéndose sobre las aguas, preparando el terreno para que la voz de Dios trajera orden, propósito y vida, muchas veces nuestra vida se parece a esa imagen.
A veces experimentamos un caos voluntario. Sabemos que hay decisiones que debemos tomar, hábitos que debemos abandonar o áreas que necesitan ser rendidas a Dios, pero postergamos los cambios necesarios. No me refiero solamente al orden externo de nuestra casa o agenda, sino al estado de nuestro corazón. Otras veces el caos llega sin que lo hayamos elegido. Puede venir a través de pérdidas, injusticias, decepciones, enfermedades o situaciones que escapan completamente de nuestro control. Son esos momentos en los que parece que todo se derrumba y las preguntas superan a las respuestas, y es precisamente allí donde surge una de las mayores dificultades: discernir la voz de Dios.
Al leer los Salmos encontramos repetidamente a David clamando desde la angustia pidiendo dirección, buscando respuestas y expresando con honestidad su dolor. Sin embargo, aun en medio de su crisis, continúa volviéndose a Dios.
¿Por qué nos cuesta escuchar la voz de Dios cuando estamos atravesando el caos?
Muchas veces porque el ruido de nuestros temores, heridas, preocupaciones y pensamientos ocupa más espacio que la verdad de Dios. No es que Dios haya dejado de hablar; sino que nuestro corazón se encuentra saturado de otras voces. Por eso el objetivo no es alcanzar una perfección aparente para que Dios nos hable. Tampoco se trata de tener todo resuelto antes de acercarnos a Él. La Biblia nunca enseña eso. Sí vemos en las Escrituras que Dios trae luz al desorden cuando nos rendimos a Su gobierno y este es un acto de confianza, no de resignación. Es reconocer que Dios sigue siendo Rey aun cuando no entendemos lo que está ocurriendo.
Es permitir que Su Palabra ilumine nuestras emociones, nuestros pensamientos y nuestras decisiones. Cuanto más rendimos nuestro corazón a Dios, más aprendemos a reconocer Su voz.
Jesús dijo:
“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen”. (Juan 10:27)
Discernir la voz de Dios no depende de la ausencia de tormentas. Depende de la cercanía con el Pastor.
Pensaba en mis hijos, generalmente les cuesta quedarse dormidos, pero cuando finalmente descansan lo hacen porque saben que están seguros. Descansan porque confían en que papá y mamá están cerca, así también, nuestro corazón solo puede descansar cuando conoce el carácter de Dios. La paz no proviene de tener una vida sin problemas, proviene de saber quién gobierna en medio de ellos. El orden, el descanso y la paz son el resultado de confiar en Aquel que es mayor que nuestro caos.
Quizás hoy tu vida se siente como Génesis 1: desordenada, vacía o incierta. Si es así, recuerda esto: Dios no huye del caos. Él se introduce dentro de ese caos para traer orden.
Su Espíritu sigue moviéndose sobre las aguas, y Su voz sigue teniendo el poder de transformar aquello que parece imposible. La pregunta no es si Dios está hablando, la pregunta es si estamos dispuestos a rendir nuestro corazón para escuchar.


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