Cómo Recuperar una Vida de Oración Profunda en la Era del Apuro
- mentesdegobierno
- 4 jun
- 7 min de lectura
Kevin Hotton
Hace años vivimos en lo que se conoce como la “era postmoderna”. Para algunos historiadores seguimos en ella, mientras que para otros ya se acabó, pero estoy seguro que todos conocemos sus características. Si bien no es mi objetivo hoy basarme en eso, es interesante ver como eso no sólo afectó nuestra manera de relacionarnos en comunidad, sino también nuestra espiritualidad. Sin darnos cuenta, la velocidad de las cosas, los altos estímulos, la falta de disciplina, entre otras características de esta era, moldean cómo nos relacionamos con nuestro padre. Queremos que nuestras oraciones sean contestadas al instante, intentamos encapsular en un tiempo de la rutina algo que está diseñado para ser una forma de vida, etc. ¡Pero gloria a Dios que Él es nuestro guía y nos enseña a caminar en esta vida!
Como hemos escuchado, un diagnóstico puede sonar fuerte, pero nos ayuda a tomar decisiones. Que el Señor nos guíe a introducirnos en una vida de oración real para vivir un evangelio profundo. ¿Comenzamos?
“la era del apuro”. Como veíamos antes, lo cultural terminó afectando nuestra forma de relacionarnos con el Señor. Oramos creyendo que los problemas deben ser solucionados en un instante, queremos respuestas inmediatas a procesos que el Señor trabaja en nosotros, etc. Una curiosidad que siempre me llama la atención es ver como en la Biblia tenemos ejemplos donde Jesús antes de realizar milagros y dar sus enseñanzas; David en el Salmo 23, entre otros, mencionan el descanso antes que el Señor intervenga.
“Entonces mandó a la gente recostarse sobre la hierba; y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud”. Mateo 14:19
“Jehová es mi pastor; nada me faltará.2 En lugares de delicados pastos me hará descansar”. Salmo 23:1-2
Romanos 12:2 nos insta a no “tomar la forma” del mundo actual. No dejemos que el apuro en el que vivimos afecte nuestra relación con el Señor y el trabajo que Él hace en nosotros.
Renunciemos a todo apuro y vivamos en los tiempos que Él dictaminó para nosotros. No queramos amoldar la voz de Dios a nuestra forma de ver y pensar las cosas, sino que, mediante una renovación de nuestra mente, podamos empezar a entender sus tiempos y sus formas en nuestras vidas.
Pensaba: “Si necesitamos recuperar algo, es porque ese algo, sea lo que sea, se perdió”.
Debemos analizar si estamos teniendo tiempos de oración o una vida de oración. No es lo mismo en la práctica ni en su efecto. Siempre me asombra leer en las escrituras cuando se menciona a Jesús retirándose/apartándose para orar. Él no dedicaba solo un rato mientras tomaba su desayuno, mientras iba a otra ciudad o antes de comer; Él tenía una vida de oración. Algo hermoso de la vida de Jesús en esta tierra es que Él fue quien nos enseñó con su ejemplo.
Veamos a continuación 3 de estos:
Mateo 14:22-24 nos muestra como Jesús, luego de haber alimentado y despedido a la multitud, decide apartarse a orar y pasa allí un gran tiempo (esos versículos mencionan “al anochecer” y “en la madrugada”, lo que nos indica el tiempo que Jesús se apartaba para orar).
Lucas 6:12-13 nos menciona cuando Jesús, antes de seleccionar a los doce apóstoles, se retiró toda la noche anterior a orar y luego los llamó.
Lucas 22:39-41 relata cuando Jesús, la noche anterior a ser aprisionado, se retiró para orar.
La oración era un pilar fundamental en la vida de Jesús. Él lo entendía y nos sirve de ejemplo para mostrar lo vital que es para nuestras vidas el mantenernos en constante comunión con el Señor. Parte del desafío de abandonar la superficialidad en nuestras vidas implica que podamos descubrir, entender y perfeccionar aquellos recursos que tenemos para mantenernos en comunión con Él. Entre ellos, la oración.
Sabemos que la oración es algo fundamental para nuestra vida como hijos, pero muchas veces nos cuesta poder tener una verdadera vida de oración. ¿Por qué creen que como iglesia enfrentamos esto? Porque siempre que queramos ir más profundo, nuestra alma entrará en conflicto. La profundidad no es cómoda, es vital. En la biblia podemos ver varias historias que reflejan lo que implicaba la profundidad para distintos personajes: cárceles, persecución, pruebas, etc. No digo que ese sea nuestro destino, pero sí debemos saber que la profundidad nos saca de la comodidad. Profundidad y comodidad son dos cosas incompatibles.
Algo que me apasiona es que, aún sabiendo todas estas cosas, vemos que Pablo, Pedro, Daniel (por mencionar algunos ejemplos), no negociaban la profundidad y encima alentaban a otros a hacer lo mismo. Ahí es donde surge la pregunta: ¿Por qué lo hacían? Porque ellos habían entendido el verdadero poder y sentido de una vida de comunión profunda: una mayor revelación del padre.
Este es el punto que le da sentido a todo. No deberíamos orar para pedir o para sentirnos mejor, oramos porque anhelamos conocerlo más. Con esto no quiero decir que nuestras oraciones no incluyan súplicas, ruegos, peticiones por algo en específico, sino que si eso no nos lleva a un mayor conocimiento y dependencia de Él, entonces todo es en vano.
Nuestras oraciones deberían ser en dos sentidos: mayor luz y mayor dependencia de su voz.
Entonces me pregunto: ¿Cuál es el objetivo de nuestra oración?.
Veamos el ejemplo de esta oración del Apóstol Pablo:
Efesios 1:17-21: “17 Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor. 18 Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado, cuál es la riqueza de su gloriosa herencia entre pueblo santo, 19 y cuán incomparable es la grandeza de su poder a favor de los que creemos. Ese poder es la fuerza grandiosa y eficaz 20 que Dios ejerció en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su derecha en las regiones celestiales, 21 muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio, y de cualquier otro nombre que se invoque, no sólo en este mundo, sino también en el venidero.”
Pablo menciona 3 puntos claves en la oración:
1- Sabiduría y revelación [...] para que lo conozcan mejor (vs 17): Pablo no ora por sus problemas o dificultades, sino por sabiduría para que puedan conocerlo más.
2- Que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado (vs 18): Pablo ora para que tengan un entendimiento mayor de quien era Él en ellos.
3- Posición (vs 19-21): Pablo les habla del poder y la grandeza de Dios, ese mismo Dios que él oraba para que ellos pudieran conocer con mayor profundidad.
El objetivo de nuestra oración siempre tiene que ser este que Pablo describe en Efesios. ¿Por qué? Si nosotros oramos desde esa posición, podremos conocerlo más; si lo conocemos más, disfrutaremos cada día más de Él; cuando lo disfrutamos y podemos vivirlo, no nos conformamos y empezamos a ir cada vez más profundo.
Entonces, nuestra vida de oración profunda estará ligada a cuanto hemos experimentado del Señor. Porque en cuanto vamos más profundo, entendemos que no buscamos otra cosa más que Él. Nada nos sacia, sólo poder ver su gobierno, su vida, su misericordia y su amor en nosotros. Una vida de oración profunda no es una búsqueda, es un resultado de lo que vamos experimentando.
Está claro que para alcanzar la profundidad debemos recuperar una vida de oración, pero no se trata sólo de sumar minutos y motivos a nuestras oraciones, se trata de que Él encuentre en nosotros un corazón humilde y sumiso a Su voz. No busquemos cambios, busquemos revelación y conocimiento.
En las distintas cartas de Pablo podemos ver una particularidad: sus oraciones no eran dirigidas a lo que él estaba pasando. Acompáñeme a ver algunos ejemplos:
“9 Le pido a Dios que el amor de ustedes desborde cada vez más y que sigan creciendo en conocimiento y entendimiento. 10 Quiero que entiendan lo que realmente importa, a fin de que lleven una vida pura e intachable hasta el día que Cristo vuelva. 11 Que estén siempre llenos del fruto de la salvación—es decir, el carácter justo que Jesucristo produce en su vida, porque esto traerá mucha gloria y alabanza a Dios.” Filipenses 1:9-11
“17 le pido a Dios, el glorioso Padre de nuestro Señor Jesucristo, que les dé sabiduría espiritual y percepción, para que crezcan en el conocimiento de Dios. 18 Pido que les inunde de luz el corazón, para que puedan entender la esperanza segura que él ha dado a los que llamó—es decir, su pueblo santo—, quienes son su rica y gloriosa herencia. 19 También pido en oración que entiendan la increíble grandeza del poder de Dios para nosotros, los que creemos en él. Es el mismo gran poder 20 que levantó a Cristo de los muertos y lo sentó en el lugar de honor, a la derecha de Dios, en los lugares celestiales.” Efesios 1:17-20
“16 Pido en oración que, de sus gloriosos e inagotables recursos, los fortalezca con poder en el ser interior por medio de su Espíritu. 17 Entonces Cristo habitará en el corazón de ustedes a medida que confíen en él. Echarán raíces profundas en el amor de Dios, y ellas los mantendrán fuertes. 18 Espero que puedan comprender, como corresponde a todo el pueblo de Dios, cuán ancho, cuán largo, cuán alto y cuán profundo es su amor. 19 Es mi deseo que experimenten el amor de Cristo, aun cuando es demasiado grande para comprenderlo todo. Entonces serán completos con toda la plenitud de la vida y el poder que proviene de Dios.” Efesios 3:16-19
“9 Así que, desde que supimos de ustedes, no dejamos de tenerlos presentes en nuestras oraciones. Le pedimos a Dios que les dé pleno conocimiento de su voluntad y que les conceda sabiduría y comprensión espiritual. 10 Entonces la forma en que vivan siempre honrará y agradará al Señor, y sus vidas producirán toda clase de buenos frutos. Mientras tanto, irán creciendo a medida que aprendan a conocer a Dios más y más. 11 También pedimos que se fortalezcan con todo el glorioso poder de Dios para que tengan toda la constancia y la paciencia que necesitan. Mi deseo es que estén llenos de alegría 12 y den siempre gracias al Padre. Él los hizo aptos para que participen de la herencia que pertenece a su pueblo, el cual vive en la luz.” Colosenses 1:9-12
Estos ejemplos nos muestran algo: Si queremos profundidad, nuestra oración será transformada y ya no pediremos por cosas o soluciones a nuestras cuestiones personales, nuestra oración será para que Él nos guíe a mayor sabiduría, conocimiento y entendimiento de lo que Él es en nosotros. Su hijo siendo revelado en nosotros.
Tomemos el desafío de alcanzar cada vez mayor profundidad en nuestras oraciones, no orando desde la rutina, desde nuestras dificultades o situaciones; sino que nuestra oración nos lleve a una revelación mayor de Su hijo en nosotros. A medida que esto sucede y comenzamos a conocer y entender más de Su persona, nuestra vida de oración crece como respuesta a lo que vemos y experimentamos. Es ahí cuando la profundidad nos lleva a no conformarnos y buscar aún más revelación, sabiduría y entendimiento.


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