Cuando la Verdad Choca con las Tendencias: Anunciar sin Plegarse
- mentesdegobierno
- hace 7 días
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Zoe Akel
El sistema caído es inestable e inconstante. En contraste, la naturaleza de Dios es eterna y no cambia. Como leemos en Santiago 1:17: «Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza ni sombra de variación».
Algo es seguro, Su Verdad es distinta y completamente opuesta a las tendencias cambiantes de este mundo.
Sin embargo, habitamos en esta tierra (Juan 17:15). No dejarnos absorber por la inestabilidad del sistema en el que vivimos ni por la fuerza de sus tendencias no siempre es sencillo.
Mantenernos firmes y no dejarnos arrastrar por sus inclinaciones requiere que permanezcamos anclados en lo único que no cambia: Su Verdad.
Detengámonos entonces a contemplar la profundidad de este contraste y a reflexionar sobre cómo afirmar nuestras vidas en la única Verdad que permanece, para que ese sea el único mensaje —y la única Persona— que nuestras vidas proclamen.
La diferencia entre Verdad y tendencia
Es inevitable: la Verdad chocará (y se distinguirá) con las tendencias, porque en su esencia son opuestas.
Una tendencia, lo que en inglés es trend (término tan común en redes sociales), se define sociológicamente como una conducta repetida por un grupo durante un período determinado, en un tiempo y lugar específicos.
Es, en otras palabras, lo que conocemos como “moda”. Algo que surge, se expande, moviliza a las personas y, tarde o temprano, desaparece.
De este concepto nace también el término FOMO (fear of missing out), que describe el temor a quedarse fuera de lo que todos están viviendo o consumiendo en el momento. En la era digital, las tendencias no solo cambian cada vez más rápido, sino que se propagan con una velocidad impresionante gracias al alcance de las redes sociales.
Este no es un detalle menor. Las tinieblas, que buscan contrarrestar el avance del Evangelio y de la iglesia de Cristo, conocen bien las estrategias para distraer, confundir y moldear mentalidades.
¿Cómo anunciamos la Verdad sin plegarnos a las tendencias?
Nuestro desafío es alcanzar a esta generación (y a las que vendrán) sin dejarnos absorber por sus modas del momento. Estamos llamados a llegar a las personas, sin diluirnos en el sistema.
Pablo es un ejemplo claro de esto. Supo acercarse a distintos grupos, con culturas y pensamientos diversos, sin volverse uno de ellos ni rendirse a su forma de vivir. Leemos en 1 Corintios 9:19-23 (MSG):
“Aunque estoy libre de las exigencias y expectativas de todos, me he hecho voluntariamente siervo de todos y cada uno para alcanzar a una amplia gama de personas: religiosos, no religiosos, moralistas meticulosos, libertinos inmorales, derrotados, desmoralizados... a quien sea. No adopté su forma de vida. Mantuve mi posición en Cristo, aunque entré en el mundo de ellos, e intenté experimentar las cosas desde su punto de vista. Me convertí en todo tipo de siervo que existe, en mis intentos por llevar a los que llegan a mi camino a una vida salvada por Dios. Y lo hice todo por el mensaje. No solo quería hablar de él, ¡quería participar activamente en él!”
La clave del pasaje está en esa frase: “mantuve mi posición en Cristo”.
¡La manera de no ser absorbidos por las tendencias, es ser absorbidos por la Verdad! No se trata de resistir desde nuestras fuerzas, sino de permanecer en Cristo. La firmeza no nace del esfuerzo humano, sino del poder de la Verdad. Si permanezco firme en ella, nada podrá sacudirme.
Es interesante pensar que, para llegar a la sociedad, debemos involucrarnos en ella, pero eso nunca significó adoptar su forma de vida. En otras palabras, anunciar nunca significó plegarse.
¿Qué es lo que anunciamos?
¡Un mensaje cargado de Verdad!
¡Un mensaje que no cambia!
¡A Cristo mismo!
Lo que Pablo expresa en Corintios, “lo hice todo por el mensaje. No solo quería hablar de él, ¡quería participar activamente de él!” nos muestra que, el propio amor y anhelo de llevar este mensaje, nos lleva a una vida que se involucra pero que sabiamente no se rinde al sistema.
Jesús, nuestro mayor modelo, se sentó con prostitutas y cobradores de impuestos, pero jamás se convirtió en uno de ellos. No adoptó su estilo de vida; sino que transformó su manera de vivir.
Esa también es nuestra tarea: sentarnos con ellos, pero no volvernos como ellos. Permitir que la Vida que habita en nosotros sea la que produzca transformación en quienes nos rodean. Y al ocuparnos de vivir firme a la Verdad, esta misma nos lleve a modelar Su imagen en medio de un mundo cambiante.
¿Cómo anunciamos sin plegarnos?
Permaneciendo en el Espíritu de Verdad.
Juan 16:13 dice:“Cuando venga el Espíritu de verdad, él los guiará a toda la verdad. Él no hablará por su propia cuenta, sino que les dirá lo que ha oído y les contará lo que sucederá en el futuro.”
El Espíritu nos conduce a un solo lugar: la Verdad.
En medio de un mundo de tendencias cambiantes, Aquel que es la Verdad nos guía continuamente hacia la Verdad. Nuestro enfoque principal no debería ser “cómo evitar caer en las tendencias”, sino asegurarnos de estar viviendo y creciendo en el Espíritu de Verdad.
Es Él mismo obrando en nosotros, llevándonos a vivir desde la eternidad de Dios y no desde la temporalidad de este sistema caído. Y ¡gloria a Dios por eso! Porque cuanto más dependientes somos de Él, más nuestra vida se convierte en un instrumento vivo para alcanzar a quienes están perdidos.
Y es allí cuando encarnamos esta palabra:
“Pero si tardo, escribo para que sepas cómo uno debe conducirse en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y fundamento de la verdad.” 1 Timoteo 3:15
Vos y yo somos llamados a ser esa expresión visible de la Verdad en esta tierra. Su Iglesia es la realidad de Cristo manifestada en la vida diaria de quienes la componen.
Qué privilegio. Y qué responsabilidad.
Volvamos a lo secreto. Volvamos a la oración. Volvamos a la Palabra. Permitamos que Dios examine nuestro corazón y nos muestre con honestidad si, sin darnos cuenta, las tendencias han ido ocupando el lugar que solo le corresponde a la Verdad.
Oremos juntos por la próxima semana (o por el resto de nuestra vida) para que podamos ver con mayor claridad quiénes somos realmente: la iglesia del Dios vivo, columna y fundamento de la Verdad.


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