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Espiritualidad real: más que sentir, es ser transformados

Miru Lara


Leyendo la historia del pueblo de Israel, me impacta ver cómo desde  el principio buscaban intermediarios. En Éxodo, cuando Dios  desciende en el monte, el pueblo le pide a Moisés que sea él quien  hable con Dios, porque tenían temor de morir (Éxodo 20:18-19).  Pero no era solo miedo; también reflejaba algo más profundo:  deseaban cercanía con Dios, pero sin el costo de ser transformados.  


Más adelante, en 1 Samuel, el pueblo pide un rey “como todas las  naciones” (1 Samuel 8:5). Rechazan el gobierno directo de Dios por  algo más visible, más manejable, más parecido a lo que veían  alrededor. Cambiaron la relación por la estructura.  


Y entonces surge una pregunta inevitable: ¿qué tan lejos está esto de  nuestra realidad hoy?  


¿Cuántas veces buscamos cambios externos, pero no una  transformación interna? Nos adaptamos a ideas humanas, abrazamos  lo superficial, lo estético, lo cómodo, pero no siempre deseamos ser  transformados en lo profundo. A veces preferimos un evangelio que  se ajuste a nuestra vida, en lugar de que nuestra vida se rinda al  evangelio.  


La Biblia es clara en que Dios no busca solo cambios en el  comportamiento, sino corazones rendidos, corazones transformados, más parecidos a Él.

 

“Y no se conformen a este siglo, sino transfórmense por medio  de la renovación de su entendimiento…”Romanos 12:2 


Dios siempre ha querido una relación directa, profunda y real con su  pueblo. No una espiritualidad superficial, sino una vida rendida. Desde el Antiguo Testamento vemos su anhelo:  


“Me buscarán y me hallarán, porque me buscarán de todo su  corazón.” Jeremías 29:13  


Y en el Nuevo Testamento, esto se hace plenamente posible a través  de Jesús. Ya no necesitamos intermediarios humanos, porque Cristo  es el mediador perfecto:  


“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los  hombres, Jesucristo hombre.” 1 Timoteo 2:5  


La verdadera espiritualidad no se trata de emociones momentáneas o  experiencias aisladas. No es solo “sentir” a Dios, sino ser  gobernados por Él. Es permitir que gobierne nuestro corazón, que  renueve nuestra mente y que alinee nuestros deseos con los suyos.  


“Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en  mis estatutos…” Ezequiel 36:27  


Dios no está interesado en una versión superficial de nosotros mismos. Él desea lo más profundo: nuestro corazón.  


 “Afortunados los que tienen corazón puro, porque ellos verán a  Dios. Mateo 5:8”  


Quiere ser nuestro mayor deseo, no una opción más. 

Quiere transformarnos, no solo acompañarnos. 

Y esa transformación no viene de nuestro esfuerzo, sino de nuestra  exposición constante a Él.  


Porque la espiritualidad real no es simplemente cambiar, es ser  completamente transformados.


 
 
 

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