top of page
Buscar

Cómo anunciar a Cristo en tiempos de narrativas competitivas

Juan Cruz Albarracín


Si algo caracteriza nuestros días, es la cantidad de filosofías, corrientes de pensamiento y dogmas que están disponibles allí, para que cada uno se adueñe de la que más le convenza. Desde nuestro hogar, o también si se quiere, desde cualquier lugar del mundo, teniendo un dispositivo con conexión a internet, cualquiera de nosotros puede acceder a esta variedad mencionada. Algunas ideas son más viejas, otras más nuevas, otras datan de miles de años, otra de menos de una década.


La cuestión aquí es ¿cómo anunciar a Cristo en tiempos de narrativas competitivas?


Primero definamos qué es una narrativa competitiva, para estar claros: es el relato estratégico que una persona, marca, empresa u organización construye para diferenciarse de sus competidores y convencer a su público de que su propuesta es la mejor opción. No es solo contar una historia bonita: es darle sentido y valor a lo que ofreces en comparación con otros.


Las narrativas competitivas se utilizan dentro del marketing digital, la política y campañas electorales, la marca personal, Startups y pitch de negocios, movimientos sociales, entre otros. Es decir, nada escapa de ellas.


Hoy nos enfocaremos en aquellas narrativas que intentan delinear los fundamentos básicos de la vida de las personas, aquellas que entrarían en la categoría de “filosofías”. Dejaremos de lado el marketing, la política y las campañas, y nos centraremos en aquello que realmente impacta en la vida de las personas, a tal punto, como dijimos, de determinar líneas generales de vivencia.


Comenzaremos nombrando algunos ejemplos:


  • Estoicismo moderno: propone autocontrol y fortaleza interna como ventaja. “No podés controlar lo que pasa, solo cómo reaccionas”.

  • Hiperindividualismo: su idea central es “el éxito depende de vos”. Según lo que plantea: nadie te debe nada; si fracasas es tu culpa; necesitas ser fuerte y autosuficiente.

  • Cultura del Hustle (vivir para producir): Tu valor está en lo que lográs. Mensaje típico: “Dormir poco es un mérito”; “Descansar es perder tiempo”; “Siempre hay que ir por más”.

  • Materialismo: Tener es ser. Tu valor, éxito y felicidad se miden por lo que posees y muestras. “El éxito se ve”; “Si no progresas materialmente, estás fallando”.


Estas narrativas no son todas las que existen, pero sí las más relevantes y a las que más estamos expuestos hoy en día. Como hablamos al principio, todos tenemos fácil acceso a investigar y sumergirnos en cada una de ellas si quisiéramos; pero incluso si ese no fuera nuestro interés, igual nos veríamos atravesados o expuestos a ellas.Puede que, nosotros que estamos conscientes que todo esto existe y afecta nuestra sociedad, optemos y nos ocupemos de estar libre de cada una de ellas, pero, ¿qué pasa con las personas de nuestra sociedad las cuales viven sumergidas en ellas? Y la pregunta que nos interesa en el día de hoy: ¿Cómo anunciar a Cristo en estos tiempos de narrativas competitivas? Cada uno de nosotros anhela vivir de tal manera que se cumpla el deseo del Señor en Mateo 28:19 (RVC):


Por tanto, vayan y hagan discípulos en todas las naciones, y bautícenlos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.


Todos nosotros deseamos anunciar al Señor a nuestros familiares, compañeros de trabajo y amigos, y en toda la tierra. Entonces este asunto de las narrativas competitivas es un tema que nos compete, ya que afecta a quienes nosotros queremos ganar para Cristo. Se vuelve muy importante la manera de presentar a Cristo. ¿Cómo podemos anunciarlo?

Primeramente, la manera por excelencia es encarnar a Cristo. Que las personas puedan ver a Cristo en nosotros es la manera más efectiva de predicarlo y anunciarlo, ya que las palabras, por más elocuentes y exactas que sean, podrán sonar bonito, pero todo se resume a poder vivirlo.


Cuando el anuncio de las buenas nuevas sale de una persona que está viviendo a Cristo en plenitud (aunque no lo haya alcanzado ya – Fil. 3:12), que experimenta la gracia redentora cada día, y que tiene un vínculo profundo con Él, entonces es solo cuestión de tiempo para que ese anuncio sea efectivo y las vidas se rindan a Él.


Cuando el evangelio solo se anuncia con palabras sin vivencia entonces suele perder efecto, porque se vuelven palabras vacías, y los sentidos de las personas ya están repletos de palabras vacías (las narrativas competitivas que hemos visto), es allí entonces, cuando el evangelio, a oídos de las personas, cayó en una bolsa que contiene todo tipo de información que fue oída pero que no caló profundo, porque carecía de esencia.


Cuando leemos la palabra “Anunciar” solemos imaginar a alguien frente a una multitud, con palabras elocuentes. Cuando nos imaginamos a nosotros “anunciando”, se repite el escenario, pero con nosotros como protagonistas. Nos frustramos porque no solemos ser los más talentosos hablando en público, pero si encarnamos a Cristo y dependemos de Él entonces pocas palabras necesitaremos para marcar la diferencia y que nos den el lugar para compartir de Cristo.


No hay nada mejor que un corazón que está deseoso por oír de Cristo, y es eso lo que genera un hijo de Dios que ha estado expresando a Cristo constantemente por un periodo de tiempo específico a vistas de personas que no Le conocen.


Solemos preocuparnos mucho por las palabras que vamos a usar cuando le estamos por hablar a alguien de Cristo, pero cuando se hizo el trabajo debido, solo son un detalle.

Segundo, es necesario poder estar preparados en términos de anunciar el evangelio en palabras simples, en nuestras propias palabras, y eso dependerá del entendimiento que tenemos sobra la obra redentora de la cruz. No necesariamente para tener un debate si existe Dios o no, sino que en un anuncio eficiente de Cristo, no faltan palabras simples que puedan explicar el Evangelio. Cuando nuestra vida encarna a Cristo y llega el momento en que las personas que tenemos en nuestro entorno abren su corazón para escuchar de Él, es necesario saber qué decir.


Tercero y último, pero no menos importante, conservar un anhelo ferviente de ser instrumento de Dios para dar a conocer a Cristo. No podremos anunciar a Cristo en nuestros días, contra las narrativas existentes, si realmente no deseamos que eso suceda. El anhelo ferviente de que Cristo sea conocido, y que seamos usados en el medio, es la clave que nos dará el carácter y el temple para esta obra tan gloriosa.


Te invito a que nos expongamos al Señor con sinceridad, para que podamos ver qué debemos ajustar para no solo poder anunciarlo en nuestros días, sino ser Su expresión en todo momento.

 
 
 

Comentarios


bottom of page