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El Evangelio en 2 Minutos: La Verdad que Transforma sin Rodeos

Natasha Eschoveikofski


Efesios 2:4-5 Pero la compasión de Dios es muy grande, y él nos amó con un inmenso amor. Estábamos muertos espiritualmente a causa de nuestras ofensas contra Dios, pero él nos dio vida al unirnos con Jesucristo. 

En la Biblia podemos encontrar muchísimas historias que evidencian la capacidad transformadora que tiene el verdadero evangelio en nuestras vidas. Cada una de ellas nos muestra lo que significa un encuentro cara a cara con nuestro Señor Jesucristo: una transformación genuina desde adentro hacia afuera. 


Estas historias nos alientan a creer que aquello que pensamos imposible de cambiar —actitudes, pensamientos, relaciones, etc.— puede ser transformado si somos capaces de ver por encima de nosotros mismos. 


En Lucas 19:1-10 encontramos una de esas historias: la de Zaqueo (del hebreo Zakkay, que significa "puro", "inocente", “justo”) uno de los personajes más conocidos del Nuevo Testamento, aunque su vida era todo lo contrario a lo que su nombre significaba. 


De él sabemos que era jefe de los recaudadores de impuestos, y por ende, un hombre rico. Generalmente, estos se enriquecían a costa del pueblo, cobrando de más; por eso eran despreciados y considerados unos pecadores y traidores. Zaqueo no era una persona querida entre los suyos, y, aunque parecía tenerlo todo, en su interior no tenía nada. 


Pero Jesús cuando llegó a su ciudad no lo miró con desprecio, sino con gracia. 


Leamos juntos… 

Lucas 19 1 Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad. 2 Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura. 4 Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí. 5 Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. 6 Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso. 7 Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador. 8 Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. 9 Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. 10 Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. 


Puntos clave que nos permiten entender cómo inicia y actúa la transformación del evangelio en nuestras vidas: 


1) Procurar ver al Señor 

En otras palabras: Salmos 27:8 “El corazón me dice: «Busca la presencia del Señor.» Y yo, Señor, busco tu presencia.”


Podemos definir procurar como esforzarse con intención, buscar activamente llegar a un objetivo, ocuparse, tratar de hacer algo. En esta historia vemos cómo Zaqueo anhelaba ver a Jesús por encima de él mismo, de sus limitaciones o de lo que pensaran de él. 


Pero ¿por qué estaba tan deseoso, si a los ojos humanos era un pecador y traidor, y además parecía estar cómodamente en una buena posición económica y social? 


La respuesta es que, cuando la presencia del Señor se acerca a nuestras vidas, es imposible no reconocer nuestra pobreza espiritual, tal como lo expresa Mateo 5:3: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”. En ese encuentro entendemos que necesitamos acercarnos a Aquel que lo llena todo. 


No hay dinero, no hay personas ni nada temporal que pueda llenar el vacío interior que habita en nosotros, un vacío que solo puede ser llenado de eternidad (Eclesiastés 3:11: (…) “Él sembró la eternidad en el corazón humano, pero aun así el ser humano no puede comprenderlo todo…”) 


Dios mediante Cristo, nos ha trasladado a Su reino; pero hasta que no caemos en cuenta de nuestra condición de pecado y no lo buscamos con todo nuestro corazón, es una realidad que nos queda grande y hasta nos parece imposible. Sin embargo, si procuramos ver al Señor y lo buscamos activamente, la verdadera transformación será posible. 


2) Subir para ver 

Zaqueo era un hombre de baja estatura, y ante la multitud, no podía ver a Jesús. Decidió entonces subir a un árbol sicómoro, el cual era común en Israel. Es interesante lo que este árbol representa en el proceso de transformación. 


Subir para ver es la decisión que nosotros tomamos ante el sentimiento de vacío interior. Así como Zaqueo lo hizo, el dejar de lado la reputación, el orgullo, la antigua manera de vivir para acceder a algo mucho más grande. El árbol se volvió el medio por el cual fue alcanzado por la gracia que iba a ser dispensada a través de la mirada de Jesús. Una decisión que para algunos pudo verse humillante, para Zaqueo fue la puerta de acceso a la restauración completa de él y su casa. 


El apóstol Pablo en una de sus cartas nos lo explica de esta manera… Efesios 4:22 desháganse de su vieja naturaleza pecaminosa y de su antigua manera de vivir, que está corrompida por la sensualidad y el engaño.23 En cambio, dejen que el Espíritu les renueve los pensamientos y las actitudes.24Pónganse la nueva naturaleza, creada para ser a la semejanza de Dios, quien es verdaderamente justo y santo. 


Desháganse y pónganse denotan acciones decisivas y voluntarias, pero no hablan de solo un momento sino que apuntan a un proceso diario. Hoy mediante la gracia podemos hacerlo con la seguridad de que nos llevarán a nuestro estado original: como Dios nos pensó desde el principio. 


3) Listos para ser llamados

El subir al árbol fue la decisión que no solo hizo que Zaqueo viera al Señor, sino que también El Señor viera a Zaqueo. Él estaba donde debía estar, no solo físicamente sino en su interior. Jesús vio su corazón listo para ser transformado, y entonces, ser llamado por su nombre le vio, y le dijo: Zaqueo(puro, inocente, justo). 


¡Qué maravilloso es el Señor! porque él no pierde el tiempo al ver una vida dispuesta a ser rendida. Al momento en que nos encontramos listos, Él está deseoso de ser invitado, aceptado y comenzar a reconciliar todo lo que somos a Su propósito eterno. Es importante entender que cuando no estamos escuchando al Señor, ni Él está siendo el que gobierna nuestra vida, de alguna manera estamos siendo sus enemigos. Colaboramos con el avance del engaño y no de la verdad. Es una realidad fuerte, pero necesaria, que nos permite ser conscientes de cómo queremos vivir: si colaborando, como un “recaudador de impuestos”, con un sistema de injusticia, corrupción e idolatría —como lo es el mundo—, o como aquel que vio al Señor, le recibió con gozo y fue capaz de desarmarse para ser hecho nuevo. 


La transformación del Evangelio es tan poderosa que no solo nos reconcilia, sino que nos salva, nos santifica, nos da libertad y nos hace parte del propósito de Dios. Colosenses 1:21-22 “Ustedes antes eran extranjeros y enemigos de Dios en sus corazones, por las cosas malas que hacían, pero ahora Cristo los ha reconciliado mediante la muerte que sufrió en su existencia terrena. Y lo hizo para tenerlos a ustedes en su presencia, santos, sin mancha y sin culpa.” 


4) Participantes 

Zaqueo, en cuanto Jesús entró en su casa —quien era la Verdad, la buena noticia, el Evangelio en su estado más puro—, no se quedó pensando en lo que el pueblo decía de él o del Señor, sino que se dejó abrazar por la presencia de Cristo manifestada plenamente en Jesús. 


Tanto así que no dudó en declarar: “He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado”. 


Cuando la vida del Espíritu alumbra nuestro entendimiento, experimentamos el orden de Dios y la valentía de reconocer que sin Él, somos pecadores. Podemos aceptar con sinceridad si en algo hemos defraudado a alguien: primero al Señor, pero también al cuerpo del cual ahora somos parte, la familia de Dios en la tierra. Es el Espíritu de Dios quien comienza a formar en nosotros un corazón humilde y tierno, que no busca tener la razón, sino que anhela ser de adoración. 


Este es el punto justo en el que comenzamos a ser conscientes de nuestra participación en Su propósito eterno y a entender que no se trata de nosotros, sino de Cristo y de Su Iglesia. Como nos anima Hebreos 12:14: “Esfuércense por vivir en paz con todos y procuren llevar una vida santa, porque los que no son santos no verán al Señor”.

De esta manera, somos transformados en canales de vida, anunciadores de paz e hijos que anhelan cumplir el deseo del corazón de Dios, por encima de sus errores o limitaciones. Zaqueo nos enseña que lo que Dios dice de nosotros, tiene más peso que lo que somos fuera de Él. 


En conclusión podemos decir que un corazón humillado y un alma cansada de estar gobernada por cualquier cosa menos por el Señor hacen a una vida dispuesta para ser alumbrada en su entendimiento. Como expresa Efesios 1:18 Pido que les inunde de luz el corazón, para que puedan entender la esperanza segura que él ha dado a los que llamó(...) Que esta sea nuestra oración: tener corazones inundados de Su luz de manera que no haya lugar para el engaño, el conformismo ni el orgullo. 


Una vida celestial está esperando ser revelada. 


Procuremos buscarlo, subamos para verlo, atendamos a su llamado y le recibamos con gozo a Aquel que nos ha comprado a precio de sangre y nos ha hecho participantes de su propósito eterno. 10 Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. 


Que Dios les conceda gracia y paz.


 
 
 

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