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Caminando con Alguien: La Revolución del Discipulado Relacional

Natu Eschoveikofski


Uno de los ámbitos que más ha adquirido salud a la luz de la palabra, ha sido el de discipulado. 


Por mucho tiempo, pensamientos legalistas provenientes de una mente no gobernada por Cristo, establecieron criterios vacíos que lejos estaban del verdadero discipulado que Jesus enseñó durante su estancia terrenal. Paradigmas que provocaron daños, atraso, incredulidad, un mal entendimiento y por ende una mala administración de Su palabra, que al final sólo podían ofrecer métodos o pasos para vivir el Evangelio pero sin su esencia vivificante. Es decir, se podía tener una iglesia bien organizada en su estructura, pero carente de vida orgánica. 


Creemos que, por Su gracia, estamos dejando atrás pensamientos que elevan la opinión personal por encima de la voz de Dios, como si fuera un camino más confiable que el Suyo, para abrazar con seguridad la verdad de Cristo.

 

Nuestro interés hoy es entender sabiamente como es que Cristo Jesus nos demostró el verdadero discipulado, el cual es relacional, para poder obedecer con diligencia su palabra en Mateo 28:16 Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. 17 Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. 18 Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. 


El envío que Jesus hizo luego de su crucifixión y resurrección, no consiste en ir y enseñar solo teoría sino que tiene como objetivo enseñar a guardar todas las cosas que Él nos ha mandado” , es decir, no solo tenemos la información para decirla sino que ahora por medio de haber sido bautizados en Su nombre y experimentar el nuevo nacimiento, podemos mostrar con nuestra propia vida que es posible obedecer y permanecer (Juan 8:31) en lo que Dios ha predestinado de antemano. Porque no se trata de acumular verdad, sino de ser transformados por ella. 


Dios nos entregó el ministerio de la reconciliación, el mismo que llevó a cabo al enviar a Su Hijo a la tierra, para que caminara como una evidencia visible del poder invisible que nos libraría de la enemistad a la que estábamos condenados a vivir (2 Corintios 5:18-19)


Jesús desde el comienzo de su discipulado, buscaba que vean como él vivió. El no decía palabras vacías sino que todo lo que enseñaba estaba cargado de una vida celestial, totalmente incomparable a lo que los maestros de la ley pudieran enseñar. 


Juan 1:38 Jesús miró a su alrededor y vio que ellos lo seguían. —¿Qué quieren?—les preguntó. Ellos contestaron: —Rabí (que significa “Maestro”), ¿dónde te hospedas? 39 Vengan y vean—les dijo. 


Esta frase que él dijo a los primeros hombres que decidieron seguirlo, nos revela que el discipulado real sólo puede ser transmitido a una vida hambrienta (Maestro, ¿dónde te hospedas?) desde una vida coherente que vive lo que dice (vengan y vean) y que es capaz de mostrarlo diariamente. 


A esto le llamamos discipulado relacional, en el que no solo aprendemos por lo que escuchamos, sino que aún más, siendo testigos de esa sabiduría aplicada en alguien que ha sido absorbido por la verdad. 


Vengan y vean, no se trata de que nos vean a nosotros intentando vivir el Evangelio, sino que vean el Evangelio transformando nuestras vidas. 


Cuando Jesús comenzó a llamar a quienes iban a ser sus discípulos, no lo hizo con la idea de buscar personas que lo tuvieran todo resuelto ni capacitadas según el estándar religioso, sino corazones dispuestos a caminar a su lado y ser transformados por Él. 


Algunos de ellos fueron...

● Felipe: Lucas 1:43 El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme. 

● Simon (Pedro) y Andres: Marcos 1:16 (...) Eran pescadores, y estaban echando la red al agua. 17 Les dijo Jesús: —Síganme, y yo haré que ustedes sean pescadores de hombres. 

● Santiago y Juan, hijos de Zebedeo: Marcos 1:20 En seguida los llamó, y ellos dejaron a su padre Zebedeo en la barca con sus ayudantes, y se fueron con Jesús. 

● Mateo: Mateo 9:9 Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado en el banco de los tributos públicos, y le dijo: 

Sígueme. Y se levantó y le siguió. 


Todos estaban en contextos distintos, ocupados en sus propias vidas, pero una sola palabra del Mesías esperado bastó para que dejaran no solo un lugar físico o un trabajo, sino una vida sostenida por sus propios méritos, y comenzaron a vivir en la plenitud que sería manifestada a través de Jesús. 


Por eso es importante entender que esta vida de discipulado tiene un costo para que se vuelva funcional, en Lucas 14: 26 dice: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. 27 Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. (...) 33 Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. 


La cruz a la cual los invitaba a participar y nos invita hoy a nosotros también, no es la cruz de madera en la que Él ya pagó el alto precio por nuestras vidas, sino que es la decisión de elegirlo cuando podemos ver el incomparable valor de conocerlo. Así es que podremos aborrecer, amar menos, renunciar, estimar todo lo externo como pérdida…y seguirlo sin condición. (Efesios 3:8) 


Convertirnos en discípulos de Cristo no se logra sabiendo información nada más, sino que consiste en participar de una transformación integral, en la que nuestra conciencia es limpiada, purificada por Su Espíritu Santo para ya no vivir en la vanidad de nuestra mente. Efesios 4:20 Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, 21 si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. 22 En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, 23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente, 24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. 


En Mateo 23, Jesús habló sobre la vida que llevaban los fariseos, los maestros de la ley, los que debían ser los primeros en reconocerlo ya que se sabían todas Las Escrituras y todo lo que ellas anunciaban. Solo que tenían un problema, Mateo 23: 3 (...) Pero no hagan lo que hacen ellos, porque no practican lo que predican4 Atan cargas pesadas y las ponen sobre la espalda de los demás, pero ellos mismos no están dispuestos a mover ni un dedo para levantarlas. La letra, sin la vida, sólo nos mantiene en una vida de apariencia. Nos muestra el estándar pero nos frustra no poder alcanzarlo, porque lo que somos fuera del diseño de Dios es insuficiente. 

Él ya sabía esto, por eso nos envió a Aquel que fue perfecto en todo, para que hoy por su gracia podamos caminar en una verdad eterna. 


¿Cómo podemos describir entonces, el discipulado, desde la perspectiva de Jesús? 


Podemos describirlo como el proceso en el cual somos invitados a participar para ser formados a Su misma imagen, la imagen de Cristo, quien es la evidencia visible de que nuestra naturaleza pecaminosa ya fue vencida por Él, y que hoy podemos vivir bajo esa realidad. Es el tiempo donde podemos alcanzar madurez, dejando atrás lo que no nos permite tener como nuestro todo al Señor.

 

Esto nos habilita a caminar en verdad y pureza, dentro y fuera de la congregación, permitiendo que otros vengan y vean la vida que Dios preparó para que viviéramos como participantes de su propósito eterno. Y aunque esto no elimina el sufrimiento que podamos llegar a padecer, si nos permite atravesarlo con gozo, permaneciendo y sabiendo que es Cristo quien está siendo formado en nuestro interior. Nuestro mayor fruto. Juan 15:7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será

hecho. 8 En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. 


En conclusión, el discipulado relacional no se trata de reproducir mi forma de ser en alguien más, sino en acompañar desde la cercanía a otros en el proceso de ser formados a la imagen de Cristo. (Romanos 8:29)




 
 
 

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